Nivangio: el jardín de la cultura florece en pleno Boedo
La casa de Colombres 946 ofrece talleres, ciclos de arte y
propuestas en vivo para los vecinos. Abrió en mayo de este año con ayuda de una
campaña de financiamiento colectivo vía internet. Fue sede durante la Semana de
Boedo.
Un taller sobre la historia del rock, revisar estantes con
las novedades de la literatura emergente, recorrer un patio antiguo con jardín
y muros llenos de cuadros pintados con stencil. Los caminos para llegar a
Nivangio Club Cultural pueden ser tantos, pero la motivación es la misma: vivir
en Boedo una experiencia multidisciplinaria donde arte, gastronomía y cercanía
son los pilares.
Desde mayo de este año abrieron las puertas de Colombres
946. A fuerza de una nutrida agenda de actividades, el ingreso de arcada, luces
led y rejas verdes se torna un clásico en los mapas locales, a metros de la
histórica coordenada de San Juan y Boedo. Por dentro, el sitio conserva la
impronta de viejo hogar de barrio, restaurado y puesto a punto para todas las
dinámicas del Nivangio. “Es un espacio para propuestas culturales en
crecimiento”, sintetiza Lucas Lombardia, quien junto a Ariel Sparacino y
Mariana Rodrigo forman el triunvirato que motoriza el club. “Los tres veníamos
haciendo cosas desde hace tiempo. Encontramos un lugar para plasmarlas en
conjunto”, destaca el referente cultural de Boedo.
“Nos juntamos en diciembre para ver la posibilidad de abrir
un centro. Averiguamos, hicimos una campaña de financiamiento colectivo”, cuenta
Sparacino. Fue a través del portal Panal de Ideas. Lanzaron la convocatoria el
8 de marzo de este año. El objetivo era recaudar cine mil pesos en un mes.
Lograron el objetivo al ofrecer distintos tipos de contraprestaciones. La de
menor denominación era por 250 pesos y consistía en otorgar una entrada a la
fiesta de inauguración del centro cultural junto a una consumición. La más
elevada era de cinco mil pesos y llamaba a que el colaborador financiero pase a
ser socio fundador de este proyecto de arte. En el medio uno se podía hacer
socio, tener una beca para talleres o incluso hacerse de un voluminoso pack de
libros con títulos independientes.
El 7 de abril terminó la recaudación en la página Panal de
Ideas. Días más tarde, recuerdan los hacedores de Nivangio, tomaban posesión
del inmueble de la calle Colombres. A mediados de mayo se hizo la fiesta de
apertura al barrio.
Desde entonces han visitado la casa distintos tipos de
artistas y referentes culturales consagrados y emergentes. Entre ellos están Rocambole,
Osvaldo Bayer, Washington Cucurto, El Soldado, Mariano Otero, Walter Lezcano, Pablo
Ramos, entre otros. Varietés, acústicos, vernisages, laboratorios de teatro, ferias.
El formato varía, pero la idea fuerza de mostrar distintas ramas del arte siempre
está. “El corazón de las actividades es el fin de semana. Van de conciertos en
diversos géneros, espectáculos escénicos, distintas gamas. En la semana se
hacen presentaciones de libros, muestras, actividades multidisciplinarias”,
añaden sus hacedores. Hasta el momento se dictaron talleres de teatro para
adolescentes; escritura académica; poesía argentina imprescindible; historia
del rock nacional; humor gráfico; construcción de cajones peruanos;
iluminación; redes sociales; stop motion; encuadernación; entre otros.
Visitar la casa de Nivangio ya es una experiencia
placentera. Al otro lado del ingreso hay un breve patio. Tras una pequeña
escalera asoma el recibidor con vitreaux de tonos dorados y marrones. Los días
de poesía en vivo se vuelve el sitio de charla para no interrumpir las
lecturas, también se quedan en el patio para prender un cigarrillo y brindar.
El recibidor tiene una mesa llena de volantes de propuestas propias y ajenas. A
la derecha hay dos puertas, una lleva a la sala principal, otra a una pequeña
sala de pisos de madera. Está llena de estantes con libros, faniznes y revistas
de editoriales independientes.
Al doblar y encarar por la sala principal uno da con la
barra, montada de espaldas al vitreaux del recibidor. Allí se puede ver a los
hacedores de la casa cultural los días agitados de eventos y sala llena. Más al fondo está el patio con
impronta de fines del siglo XIX, árboles altísimos, tejas y muros blancos con
enredaderas. Es la parte favorita de los habitúes, no importa la época del año;
si el frío o el calor.
En los momentos de calma, como los atardeceres de semana,
momento que elegimos para visitarlos, los hacedores de Nivangio charlan,
escuchan música (que va del folclore, al rock británico y sigue por cuanto
clásico ponga la radio de turno) y son parte en el armado de las muestras. Se
vive como un momento íntimo, pero comunitario; silencioso, pero lleno de
intensidad.
En poco tiempo, esta cruza de sensaciones hizo nido en la
calle Colombres. El calendario conspiró a favor de estos hacedores culturales y
por eso pudieron, en su primer año de vida, participar de la Semana de Boedo,
el evento más importante del barrio debido a la gran cantidad de instituciones
zonales que dan vida a este encuentro nutrido por decenas de propuestas.
“Con la gente del centro cultural El Surco y la editorial
Alto Pogo nos pusimos de acuerdo. Hubo poetas, música en vivo con la banda de
Pablo Ramos. Fue una gran experiencia y vino mucha gente”, recuerda Sparacino. “A
futuro vamos a tener más talleres y vamos a continuar con esta impronta de
ofrecer en el barrio una experiencia multidisciplinaria”, concluyen los
hacedores de la calle Colombres.
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