El Tipográfico: pasado combativo y sindical, presente cultural y comunitario



En uno de los inmuebles más antiguos e históricos de la zona hay talleres, obras teatrales y demás encuentros sociales. Participan en la Semana de Boedo.

En la planta baja de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, que está desde 1904 en el inmueble de la avenida San Juan 3246, desde hace más de cinco años abrió sus puertas El Tipográfico, un espacio cultural que ofrece talleres, actividades abiertas al público, comidas comunitarias y otras tantas expresiones de arte y encuentro. Ha participado en forma activa en la Semana de Boedo y articula con otros espacios de la zona y la Ciudad de Buenos Aires.

La planta baja hace más de un lustro estaba con problemas edilicios, cuentan los actuales colaboradores de este reducto cultural en el límite entre Boedo y San Cristóbal. Fue la Iglesia Centro Cristiano Nueva Vida (CCNV) del barrio de Parque Patricios la que hizo las gestiones para devolverle la vida a este sector de un inmueble lleno de historia.

Los miembros de El Tipográfico repasan: “En el mismo lugar geográfico, cuando Justo José De Urquiza gobernaba en Argentina, nacía, el 25 de mayo de 1857, la Sociedad Tipográfica Bonaerense, primera organización de resistencia gremial, social y cultural del país. Dos décadas después la llamada Unión Tipográfica Bonaerense, sería la autora de la primera medida de fuerza del movimiento obrero”.

“Cuenta la historia, que en el año 1878, una imprenta quiso rebajar los salarios de su personal, cuando, otras empresas replicaron este accionar, fueron más de mil, los trabajadores que unidos en una asamblea, se pronunciaron por la huelga. Diarios como La Prensa y El Nacional, intentaron contratar tipógrafos en el Uruguay, ofreciendo elevados sueldos, pero éstos se negaron, en solidaridad a sus compañeros argentinos. La huelga fue ganada y las patronales aceptaron volver a los sueldos originales y reducir la jornada laboral a 10 horas en invierno y 12 en verano”, añaden.

Sus miembros pasan del siglo XIX al presente: “Desde la creación de aquella Sociedad Tipográfica bonaerense, pasaron momentos de victoria y largos periodos de oscuridad. El Tipográfico, nace hoy para brillar y, se levanta, paradójicamente, en el sur, para ser un espacio abierto a todas las expresiones culturales. Se hace en forma colectiva y a pulmón porque la solidaridad, la cultura y la fe, no son gestos, son resistencia”.

Para ahondar en cómo se vive el día a día en este sitio histórico de Buenos Aires, hablamos con sus hacedores. Claudio Cristaldi, miembro de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, cuenta que en septiembre se hizo el Segundo Festival de Arte Trabajador, organizado por el colectivo Radar de los Trabajadores/as, que agrupa a las Secretarías de Cultura de diversos sindicatos. En distintas casas gremiales hubo 90 espectáculos a la gorra. En El Tipográfico hubo funciones teatrales los sábados a la noche.

Sobre el inmueble, Claudio narra: “Acá arriba está la Sociedad Tipográfica Bonaerense que es la primera organización gremial de la Argentina. Se funda en 1857 y hasta la formación de la Federación en 1907 era la organización gremial de los gráficos, más allá de que no fue un sindicato sino una mutual; convivían trabajadores y patrones. Este lugar era el teatro de la Sociedad Tipográfica. A principios del siglo XX hubo muchas asambleas de la Federación Tipográfica Bonaerense. Luego fue un cine de barrio. Ahora está este espacio que lo abrieron unos compañeros. Nosotros a las actividades de la Federación Gráfica Bonaerense (Paseo Colón 731) las hacemos en este lugar. Hicimos un festival de bandas en octubre del año pasado, exhibimos un documental sobre Raimundo Ongaro, entre otras”.

“En la Sociedad Tipográfica hay una biblioteca muy importante con libros de fines del siglo XIX y principios del XX. Queremos que la Sociedad tenga un vínculo con el barrio desde la biblioteca y poder restaurar y mantener los valiosos volúmenes”, añade y destaca que la Sociedad fue declarada Patrimonio Histórico y Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, a través de un proyecto del legislador Carlos Tomada (Unidad Ciudadana) en 2016.

Francisco Juárez, uno de los colaboradores de El Tipográfico, nos cuenta: “Acá los primeros gremios comenzaron a hacer resistencia. La tipografía es palabra, letra, nos habla. Lo que pasó acá es maravilloso. Esto se vino abajo porque los tiempos cambiaron, la tipografía dejó de tener peso. Hay métodos modernos, pasó el tiempo en muchos sentidos. Por eso, la gente no pudo mantener más el lugar, que es inmenso. Por mucho tiempo fue un cine”.

Francisco nos invita a dar una vuelta por el lugar. Hay un inmenso hall donde están las mesas del buffet, que tiene barra a la derecha del ingreso. Allí se montan varios tablones cuando hay ferias editoriales o de emprendedores. Al momento de charlar con Juárez había una de la Asociación de Dibujantes de Argentina (ADA), por caso. Al fondo está la sala teatral, con espacio para sesenta localidades. Al fondo, tras bambalinas, hay un galpón inmenso donde hay linotipos, máquinas centenarias, muebles de otras épocas. Es en definitiva el reducto donde descansa parte de la rica historia de El Tipográfico.

La extensión de este galpón hace casi indomable su preservación. “Cuando llegamos estaba mil veces peor. No está tan mal. Este piso lo hicimos nosotros (y señala la carpeta de cemento peinado). Laburamos las cañerías (muestra las paredes de ladrillo que fueron picadas para que no avance la humedad). El lugar se caía solo. Le dabas con un palo y se venía abajo. Por suerte le pusimos garra para que esté en pie”, dice Francisco.

El Tipográfico en estos años ha buscado generar contacto con los vecinos, con el barrio y con otras instituciones. Es a destacar su presencia en los festejos de La Semana de Boedo, por caso. Sus integrantes han estado en la actividad de apertura, cuando se corta la avenida Boedo, entre Carlos Calvo y San Juan. Llevaron varias de las máquinas impresoras y pasaron la tarde mostrando el arte de esta vieja técnica. Durante el año hacen actividades en conjunto con entidades de todo tipo.

“Interactuamos con muchos organismos sociales. Este lugar es para todos. Hacemos talleres, también una cena a voluntad. Puede venir a comer el que no tiene plata. El que quiere puede pagar el precio o un poco más. Lo que importa es vivir un momento inclusivo. Es un ambiente de alegría”, indica.
Es, además, un espacio donde el café tiene un lugar de privilegio, con distintas variedades en sabores, procedencias, y modo de preparación, dicen sus colaboradores. Francisco ahonda: “Tenemos nuestro propio café orgánico con tostado natural y a precio social. Lo tostamos, lo envasamos. Con las máquinas imprimimos las bolsas donde lo ofrecemos”.

Para Francisco, detrás de toda esta gama de actividades, están las personas. Asegura que lo que más le gusta de ser parte de este proyecto es ver cómo asistir a El Tipográfico repercute en forma positiva en los habitúes, incluso en los colaboradores: “La gente encuentra estos lugares y le empieza a hacer bien. Una chica me decía que era mejor que ir al psicólogo. Es encontrar espacios para tener más creatividad, más paz. Una señora, armenia, estaba tan aislada se había olvidado de hablar. Una vez la invitamos a una clase de tejido y empezó a soltarse. No hablaba porque vivía con su esposo, los hijos se habían vuelto a su país. Estaba sola. Ahora cambió para bien. Hay historias así, es lindo lo que pasa acá”.

“Encontré un lugar con alegría, que hace bien. Venís del laburo, trabajas acá y te vas menos cansado que antes. Te vas contento. Es para contarlo y para participar. Que la gente lo pueda disfrutar”, concluye.

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